Aprovechamos nuestra creciente popularidad para comentar esas pequeñas incongruencias que, año tras año, nos siguen sorprendiendo en los festivales en nuestro país. Está claro que todos, en mayor o menor medida, podemos hacer el pequeño gran esfuerzo de pagarnos una entrada, soportar altas o bajas temperaturas, dejarnos hacinar como ganado frente a unas vallas, comer –por un día- un bocadillo frío al lado de un contenedor, hermanarnos con aquel que nos acaba de tirar un mini de cerveza o ron por encima de la cabeza, sonreír y relativizar porque por un día todo vale y merece la pena aguantar casi cualquier cosa por ver a nuestros artistas favoritos, somos gente joven y se nos presupone un conformismo y un "buenrollismo" de serie en el que no cabe la queja fuera de una red social.
Pero, a pocos días del Sonisphere en nuestro país (y ya en frío), se nos plantean una serie de dudas al respecto de la organización en las que mucha gente no habrá reparado, que otros pensarán que exageramos pero la pregunta es ¿por qué no? ¿por qué no hablarlo entre nosotros? Desde Blogofenia estamos seguros de que los organizadores del Sonisphere agradecerán este artículo tanto o más que los futuros asistentes a sus eventos.
Está claro que Sonisphere es una marca, una franquicia que cada promotor compra y gestiona en su país tirando de paquetes de artistas y recursos propios pero cómo cada cual los administre ya es cosa suya. Y es que, a estas alturas, resulta inconcebible que, cuando la gran mayoría de grandes festivales europeos habían anunciado su cartel, aquí en España todavía estuviésemos esperando no sólo conocer los primeros artistas contratados sino si iba a tener lugar o no el festival, la ubicación, los días o las ciudades. Entendemos que es un problema de infraestructuras, de subvenciones, de análisis de gastos pero, mientras otros festivales informaban puntualmente de cualquier cambio, aquí en España -y más en concreto con el Sonisphere- creo que fuimos los últimos en saber qué estaba ocurriendo. Cuando su página oficial ya anunciaba que habría una nueva edición, la web de éste no era capaz de concretar fechas, ciudades y si sería un día o dos.

Las redes sociales hervían pero por el público que asistía incrédulo a la desinformación más absoluta de un festival que no sólo no confirmaba todos sus artistas aún llevando ya tiempo las entradas a la venta sino que no generaba noticias, no interactuaba e incluso confundía canciones y videos de los artistas que promocionaba. El festival pasó de celebrarse en pleno verano para hacerse en primavera, dadas las altas temperaturas que se alcanzaban en el mes de Julio, pero no sólo por ello sino por la incapacidad de la organización para acondicionar el emplazamiento en el que se celebró por dos años consecutivos siendo ahora en Mayo y en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas.

¿Se nos caen los anillos por todo ello? Por supuesto que no pero seguro que a la organización tampoco por pensar un poco más en nosotros. Este año, por lo menos, no han puesto una serpentín de agua y un ventilador para sesenta mil personas para evitar los golpes de calor, como sí ocurrió en la segunda edición, y pudimos respirar sin mascarillas para evitar la polvareda, algo es algo.
© 2013 Jack Ermeister