



La sigue "El Dorado", si en disco convence en directo resulta más que eficaz, el galopante bajo de Harris marca todo el tema y la clásica estampa del bajista y alma de Maiden corriendo por todo el escenario, apoyando su pierna sobre las pantallas y dándole duro a la canción (una maravilla ver como toca con los dedos, un músico enorme) es impagable. Si con "El Dorado" ya nos hemos metido de lleno en el concierto lo que viene a continuación nos dejará a todos con la boca abierta, nada y más y nada menos que "2 Minutes To Midnight" y todo el estadio votando al mismo tiempo, minis de cerveza volando sobre nuestras cabezas y verdaderas riadas de cuerpos cayendo sobre las primeras filas ante la desesperación de los de seguridad. ¿Quién puede resistirse a un clásico así en tercer lugar? ¡Increíble!
"The Talisman" (impresionante el cambio de ritmo) y la emotiva "Coming Home", coreada por todos, pero es en "The Trooper" cuando la gente se vuelve loca y los miles de seguidores vuelven a desatarse, Gers está como loco mientras Murray y Smith atacan sus guitarras y Dickinson (que no para en todo el concierto y no dejará de gritar; Scream for me, Basel!) ondea la bandera al ritmo del bajo de Harris y la trepidante labor de McBrain, "The Wicker Man" nos recuerda que "Brave New World" fue un gran disco, el maravilloso puente ("You watch the world exploding every single night, Dancing in the sun a new born in the light") precede a uno de los estribillos más coreados de la noche (con permiso de los viejos clásicos); "Your Time Will Come". Repiten con el himno que es "Blood Brothers", a estas alturas ya tienen a todos rendidos y es cuando se encaminan al bloque central del concierto (quizá más lento, que no menos épico) en donde las guitarras de Murray y Smith vuelven a hablar por sí solas, desplegando toda su maestría. "When the Wild Wind Blows" nos va inundando poco a poco hasta hacernos llegar a "The Evil That Men Do" (una de mis preferidas) con ese cambio de ritmo y ese estribillo tan reconocible que nos ha acompañado en cientos de noches. Llega el momento de cantar "Fear of the Dark", la imagen de Eddie convertido en ese amenazante árbol que por las noches vemos desde la ventana de nuestro cuarto ocupa todo el escenario. Qué inteligentes son Iron Maiden, qué manera de ir alternando sus mejores canciones; las más actuales y las más clásicas, contentando a todos y demostrándonos que son un grupo cuya creatividad está aún viva y en mejor estado que nunca.
Llega el momento de "Iron Maiden", la canción del grupo con esas guitarras tan reconocibles y un Eddie que, como siempre, hará su salida triunfal. Un alienígena con unas fauces enorme y enseñando la mitad de su cerebro pero que no duda en tocar la guitarra en el tema para jubilo de todos mientras Janick se cuela entre sus piernas y arroja su Fender Stratocaster por los aires (Eddie aparecerá más tarde convertido en un gigante tras la batería de McBrain). Un guiño simpático que no puede faltar en ningún concierto de los Maiden y que es saludado con jubilo por todos los asistentes. ¿Existe otra mascota en el mundo del rock tan carismática y querida como Eddie? ¡Seguro que no, es imposible! ¡Y qué bonita resulta la portada de "The Final Frontier"!

El final llega con el clásico "Running Free" y cuando nos queremos dar cuenta todo ha acabado, "Always Look on the Bright Side of Life" de los Monty Python nos despide, el concierto ha pasado en un suspiro y Maiden nos han vuelto a demostrar que son los más grandes, los auténticos protagonistas del festival.
© 2011 Jesús Cano