
Mientras, Justin se preocupaba por cómo tocar en directo sus canciones, le importaba un bledo si gustaba o no y pasaba las noches viendo compulsivamente episodios de "Doctor en Alaska", serie a la cual considera poco menos que una religión. Si aquel primer disco sonaba a invierno, éste "Bon Iver" del 2011 suena a deshielo, como los arreglos y afiladas voces de "Hinnom, TX" o el estallido angelical de "Perth" con una batería que gatea tras los susurros ahogados de Justin. "Minnesota, WI" rompe el comienzo con una percusión magnífica y unos cambios de ritmo sorprendentes.
"Holocene" nos devuelve al Bon Iver del primer disco, mezclado a sabias dosis con Elliott Smith hasta que un redoble interminable nos guía hacia el final del tema. La majestuosa "Calgary" evoca el vapor de las cataratas al caer, lo étereo, lo más bello. Y es que los arreglos del disco están trabajados al máximo y hacen que las canciones encajen como un rompecabezas mientras dotan al disco de una unidad que, lejos de cansar, lo enriquece coloreándolo con texturas.
La suite "Lisbon, OH" te conduce al final del disco en donde te encontrarás con "Beth / Rest" y la voz de Bon Iver sonando ligeramente más grave, arropada por guitarras eléctricas que aullan y teclados que abrigan del frío.
Estar deprimido es bueno para la creatividad pero de vez en cuando es bueno un poco de calor, el invierno no sería tan bonito ni evocador si después no viniese la primavera.
© 2011 Jesús Cano