"private music" de DEFTONES

Un ejemplo más de la autenticidad y creatividad de los de Sacramento...

Crítica: Ellefson-Soto "Unbreakable"

David Ellefson, de sobra conocido por su trayectoria como bajista de Megadeth y su buena mano al bajo y, por desgracia, en los últimos tiempos, su abrupto despido tras empañar su legado musical a causa de su conducta inapropiada y Jeff Scott Soto, vocalista indomable de amplio recorrido con artistas como Yngwie Malmsteen y Journey, presentan su segundo trabajo conjunto bajo el nombre de Ellefson-Soto, titulado “Unbreakable” (2025). Publicado a través de Rat Pak Records, cuenta con la participación de músicos como el guitarrista italiano Andy Martongelli y el batería Paolo Caridi, además de colaboraciones destacadas de Tim “Ripper” Owens y Laura Guldemond. Y, a diferencia de su debut, “Vacation In The Underworld” (2022), este nuevo esfuerzo busca consolidar una identidad propia, alejándose del thrash metal característico de Ellefson para explorar un terreno más melódico y accesible dentro del hard rock y el metal moderno, pero con resultado desigual. La producción, a cargo de Chris Collier, conocido por su trabajo con Korn, ofrece un sonido brillante que resalta las virtudes vocales de Soto y el enfoque rítmico de Ellefson. Sin embargo, aunque el disco muestra algún destello, no logra destacar de manera consistente, quedándose en un terreno intermedio que no siempre satisface las expectativas generadas por el talento involucrado y es ese metal de segunda regional, de garrafón, en el que Ellefson parece navegar cuando está lejos de Mustaine.

“Unbreakable” (2025) consta de once canciones que combinan elementos de hard rock, metal clásico y toques modernos, aunque con resultados muy desiguales. El tema homónimo, “Unbreakable”, abre el álbum con un riff robusto y una interpretación vocal de Jeff Scott Soto que equilibra potencia y emotividad, marcando un tono optimista que resuena con el mensaje de resiliencia del álbum, algo que hay que reconocer que empieza a agotar por la cantidad de artistas que recurren a semejante concepto, pareciendo que están creando un nuevo subgénero y es el metal de autoayuda. “Vengeance”, con la participación de Tim “Ripper” Owens, destaca por su intensidad y un enfoque más agresivo, donde la magnífica voz de Owens aporta un contraste interesante con la de Soto, creando uno de los momentos más memorables del álbum, en donde el talento habla por sí solo. Mientras que “Poison Tears”, con la colaboración de Laura Guldemond de Burning Witches, intenta explorar un terreno más emocional, pero su ejecución se siente algo forzada, sin alcanzar la profundidad esperada. Canciones como “SOAB” y “Shout” mantienen una energía directa y estribillos melódicos, ideales para el público ocasional del hard, pero carecen de la originalidad necesaria para destacar en un género sobresaturado. Como “The Day We Built Rome” y “Snakes and Bastards” caen en clichés en sus letras y musicales, con un enfoque que recuerda a producciones genéricas de rock de FM de primeros de los dos mil, lo que resta impacto al conjunto. “Ghosts” y “It’s Over When I Say It’s Over” muestra un poco de la creatividad de los músicos, pero tampoco logran mantener el interés a lo largo de sus minutos. Al igual que el regalo, “Death on Two Legs”, rindiendo homenaje a Queen, aunque bien ejecutado, no aporta nada nuevo al legado de la banda británica y tampoco suma en este proyecto.

A pesar de los esfuerzos de Ellefson y Soto por ofrecer un trabajo coherente, “Unbreakable” (2025) no termina de consolidarse como un álbum sobresaliente. La química entre los músicos es evidente, y la producción de Collier asegura un sonido profesional que resalta las capacidades técnicas del cuarteto, pero la falta de cohesión entre canciones y la ausencia de una dirección clara limitan su impacto. Ellefson-Soto parece estar en un proceso de búsqueda de identidad y, aunque este segundo disco muestra avances respecto al mediocre “Vacation In The Underworld” (2022), tampoco logra trascender los límites del hard rock más convencional y de marca blanca. En un panorama musical donde la originalidad y la innovación son cada vez más valoradas, “Unbreakable” (2025) se queda en un esfuerzo respetable pero no memorable, un pedito silencioso que invita a no esperar mucho más de Ellefson cuando se aleja del thrash y evidencia la necesidad del esfuerzo que dúo debería realizar para corregir la dirección y mostrar ese innegable talento que parece claro que sólo es capaz de ser potenciado cuando es dirigido por otros.

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Arcadea "The Exodus of Gravity"

Ocho años después de su álbum debut, Arcadea (formado por Brann Dailor, Mastodon, junto al sintetizador de Core Atoms y la ayuda de Raheem Amlani en los arreglos electrónicos) regresan con una propuesta renovada y vibrante en "The Exodus of Gravity" (2025), adentrándose en un territorio libre de guitarras, impulsado por murallas luminosas de sintetizadores modulares y una percusión impecable, como no podía ser de otra forma. Liberados de las expectativas convencionales del rock, Arcadea exploran una fusión ecléctica que evoca las raíces de los años setenta, con influencias de pioneros como Emerson, Lake & Palmer, Genesis o Yes, pero mirando hacia un futuro distópico con influencias dance y un toque retro delicioso. A diferencia de su primer álbum, que se sumergía en terrenos más introspectivo, este que nos ocupa se presenta como un subidón de euforia, con un toque nebuloso que invita al baile sin sacrificar la complejidad. El resultado es un álbum que desafía clichés, posicionándose como una explosión colorida de rock futurista, donde las voces de Dailor, cada vez más trabajadas, flotan sobre texturas electrónicas. 

"Dark Star" es un arranque repleto de energía donde los sintetizadores de Core Atoms construyen paisajes luminosos que la batería de Dailor impulsa, invitando a una inmersión inmediata en su universo. "Exodus of Gravity" profundiza en el concepto futurista con capas de electrónica que evocan un éxodo cósmico, destacando las voces de Dailor en un equilibrio perfecto entre intensidad y melodía. "Fuzzy Planet" emerge como una canción peculiarmente accesible, amalgamando elementos de pop con grooves de puro funk que parecen extraídos de sueños cósmicos, donde la interacción entre los sintetizadores modulares crea un ambiente de euforia. En "Lake of Rust", la banda explora texturas más introspectivas, con un toque astral que incorpora influencias progresivas clásicas, permitiendo que los aportes de Raheem Amlani añadan más profundidad, mientras que "Gilded Eye" ofrece un prog espacial donde los solos de teclado de Atoms brillan con una maestría técnica que eleva la canción. "2 Shells" es un interludio experimental, con ritmos rápidos que mantienen el clímax y preparan el terreno para "Galactic Lighthouse", una compisicón en la que la percusión de Dailor se impone con su característica fuerza, fusionando lo pesado con lo lúdico en una narrativa que resuena excéntrica pero repleta de sabor. La capacidad vocal de Dailor vuelve a brillar en "The Hand That Holds the Milky Way", mientras que "Starry Messenger" captura la esencia de la alegría de este proyecto con influencias progresivas. Finalmente, "Planet Pounder" cierra el álbum como un cataclismo cósmico con muros de sintetizadores que culminan en una explosión de rock bailable.

"The Exodus of Gravity" (2025) es un paso en firme respecto a "Arcadea" (2017), donde Brann Dailor y Core Atoms parecen lograr aquello que quedó cojo en su debut. Su narrativa, con toques de ciencia-ficción, aunque de serie B, enriquece la escucha, revelando matices en la producción que confirman la genialidad de los músicos involucrados. Es cierto, resulta imposible negarlo, que si no fuese por Dailor, este lanzamiento habría pasado desapercibido, pero una vez que uno se sumerge en "The Exodus of Gravity" (2025), hay que valorar el atrevimiento y las ganas de innovar por parte de un músico que podría dedicarse a explotar la carrera Mastodon, en lugar de divertirse saliéndose por la tangente.

© 2025 Don Diablo

Crítica: Deftones "private music"

Hablar de Deftones y mencionar una palabra como riesgo en la misma frase, dejó de cobrar sentido hace mucho cuando los de Sacramento han sabido mantener su posición y seguir atrayendo a nuevas audiencias con la complicada pirueta de seguir grabando discos en los que no pierden su esencia, pero parecen grabados para ellos mismos; sin atender lo que unos u otros queramos y, sin embargo, lograr que todos esperemos nuevas canciones que siempre nos demuestran su valentía, pero evocan la sensación adolescente de sus años dorados mezclada con la madurez actual. Si así descrito parece complicado, más difícil es grabar discos que suenen así. Y es que, con su décimo álbum de estudio, “private music” (2025), el quinteto liderado por Chino Moreno y Stephen Carpenter demuestra una vez más su capacidad para fusionar la brutalidad sonora con una sensibilidad melódica que trasciende los límites de los géneros musicales. Producido por Nick Raskulinecz, quien previamente colaboró con la banda en "Diamond Eyes" (2010) y "Koi No Yokan" (2012), este nuevo trabajo se presenta como una obra madura que no solo rinde homenaje a su legado, sino que también explora nuevas texturas sonoras, manteniendo la esencia que los ha distinguido desde su debut con "Adrenaline" (1995). La relevancia de Deftones en la actualidad, potenciada por una creciente popularidad en plataformas digitales y la difícil conexión con las nuevas generaciones, se ve reflejada en un álbum que equilibra la nostalgia con la innovación, logrando un impacto emocional y sonoro que resuena profundamente. “private music” (2025) llega tras un hiato de cinco años desde "Ohms" (2020), y se erige como un testimonio de la longevidad creativa de la banda, consolidando su posición como pioneros de un sonido que combina la visceralidad del metal con la introspección de géneros como el shoegaze y el post-rock.

El repertorio de “private music” (2025) destaca por su capacidad para entrelazar la intensidad característica de Deftones con una atmósfera etérea que evoca tanto la memoria como la trascendencia. "my mind is a mountain" establece el tono del álbum con una explosión de riffs pesados cortesía de Carpenter, complementados por la preciosa voz de Chino Moreno, que alterna entre susurros melancólicos y gritos viscerales, respaldada por la batería dinámica de Cunningham. "my mind is a mountain" captura esa dualidad de la banda: la agresividad y vulnerabilidad que define su identidad. "milk of the madonna" se presenta como uno de los puntos álgidos del disco, con una instrumentación densa y melodías que parecen flotar en un espacio onírico, reforzadas por los arreglos electrónicos de Frank Delgado. Mientras que canciones como "cut hands" y "~metal dream" recuperan la energía cruda de álbumes como "Around the Fur" (1997), con un enfoque más depurado que evita caer en la mera repetición, al igual que "cXz" introduce una dinámica rítmica cambiante que desafía cualquier expectativa gracias al trabajo preciso de Fred Sablan al bajo. 

En un registro más introspectivo, "i think about you all the time" explora un terreno melódico cercano al nu-shoegaze, con texturas que recuerdan a bandas contemporáneas como Wisp, pero impregnadas de la impronta única de Deftones, al igual que me parece un acierto la presencia de sintetizadores en muchos de sus pasajes, como la coda de “souvenir”, recordando a Vangelis. "departing the body" cierra el álbum con una atmósfera envolvente, donde la guitarra de Carpenter y los sintetizadores de Delgado crean un paisaje sonoro que invita a la contemplación, consolidando la capacidad de la banda para evocar emociones más profundas que la inmediata rabia asociada a sus habituales explosiones, gracias a su habilidad para tejer texturas. "private music" (2025) demuestra que, incluso tras tres décadas, la banda conserva una vitalidad creativa que pocos de sus contemporáneos pueden igualar. La producción de Raskulinecz realza cada elemento del sonido característico de Deftones; desde los monolíticos riffs de Carpenter hasta la emotividad lírica de Chino, pareciendo una celebración de la consistencia y evolución de Deftones, como un faro de autenticidad y creatividad, demostrando con este disco que su legado no solo perdura, sino que continúa creciendo con una fuerza imparable.

© 2025 Conde Draco

Crítica: Helloween "Giants & Monsters"

Helloween regresan con su decimoséptimo álbum de estudio, "Giants & Monsters" (2025), y sólo queda celebrarlo, tras la reunión con Kiske y la confirmación de la química recuperada, sus conciertos y la publicación del homónimo “Helloween” (2021). Con una trayectoria que abarca cuatro décadas, el septeto liderado por esa bestia de tres cabezas que son Michael Kiske, Andi Deris, Kai Hansen, y una banda engrasada y en estado de gracia, con Michael Weikath, Sascha Gerstner, Markus Grosskopf y Dani Löble Helloween demuestran una vez más su capacidad para combinar tradición y evolución. "Giants & Monsters" (2025) no sólo celebra los cuarenta años de la banda, sino que también ofrece una experiencia musical vibrante y diversa, manteniendo la esencia melódica y enérgica que los ha caracterizado desde sus inicios con el EP homónimo "Helloween" (1985) y su seminal "Walls of Jericho" (1986). La producción, a cargo de Charlie Bauerfeind y Dennis Ward, resalta la química única entre los músicos, con un sonido pulido, grabado en los prestigiosos Wisseloord Studios de Hilversum, Países Bajos, sonando como un testimonio de la longevidad y relevancia de Helloween, quienes logran equilibrar la nostalgia de sus raíces con un enfoque fresco y contemporáneo, consolidándose como la fuerza creativa inagotable en el metal que son.

Y es que "Giants & Monsters" (2025) despliega una variedad estilística que refleja la riqueza compositiva de la banda, con aportes de Hansen, Weikath, Deris y Gerstner desde su inicio con "Giants On The Run", donde Andi Deris y Kai Hansen comparten protagonismo vocal, entregando un estribillo melódico que captura la esencia power metal de Helloween, reforzado por un notable trabajo de teclados y un desarrollo instrumental dinámico. "Savior Of The World", compuesta por Michael Weikath, con Michael Kiske al frente, evocando la grandeza de clásicos como "Eagle Fly Free" del histórico "Keeper of the Seven Keys: Part II" (1988) brilla gracias a su estribillo épico, mientras que los guiños al bajo de Markus Grosskopf resaltan su potencial para convertirse en un himno en directo. "A Little Is A Little Too Much", firmada por Deris, introduce un matiz más propio del hard rock con un enfoque optimista y accesible, ideal para corear en conciertos. Por su parte, "We Can Be Gods", de Hansen, reúne a los tres vocalistas en un tema cargado de velocidad y melodía, con un estribillo que busca la épica y un solo de guitarra mágico. La balada "Into The Sun" (escrita por Deris para el anterior álbum) destaca por el emotivo dueto entre Kiske y Deris, acompañado de delicados arreglos de piano, ofreciendo un momento introspectivo y conmovedor. "This Is Tokyo", también de Deris, es un homenaje vibrante a Japón, con un enfoque rockero y un desarrollo instrumental que gana fuerza en su segunda mitad.  "Universe (Gravity For Hearts)", compuesto por Sascha Gerstner, supera los ocho minutos y combina ritmos frenéticos con coros majestuosos y un toque progresivo, destacando como uno de los puntos álgidos del álbum, contrastando con "Hand Of God", otra creación de Gerstner, que apuesta por melodías accesibles, mientras que "Under The Moonlight", de Weikath, recuerda al juguetón "Dr. Stein" de "Keeper of the Seven Keys: Part II" (1988), con Kiske brillando en un repleto de melodías y teclados. El cierre, "Majestic", firmado por Hansen, es un coloso de más de ocho minutos que reúne a los tres vocalistas en una pieza introspectiva y épica, con secciones instrumentales que rememoran los desarrollos de los discos "Keeper" de los años ochenta.

En conclusión, "Giants & Monsters" (2025) es una obra que reafirma el legado de Helloween como arquitectos del power metal, al tiempo que demuestra su capacidad para innovar dentro de su propio estilo. La diversidad vocal, con las contribuciones de Kiske, Deris y Hansen, junto con la solidez instrumental de Weikath, Gerstner, Grosskopf y Löble, crea un álbum que equilibra la tradición con un enfoque fresco y optimista. Aunque algunos temas, como "A Little Is A Little Too Much", puedan parecer más simples, el conjunto brilla por su cohesión y la pasión que la banda imprime en cada composición. Por último, la portada creada por Eliran Kantor, complementa la experiencia, de "Giants & Monsters" (2025), un álbum que no sólo sirve como celebración de su carrera sino que también les posiciona como una banda que, lejos de descansar en sus laureles y confiar en su pasado, continúan forjando un camino vibrante y relevante en el panorama del metal. Ya sólo queda esperar con entusiasmo su gira de aniversario, donde temas como "Universe (Gravity For Hearts)" y "Majestic" prometen brillar con luz propia sobre el escenario.

© 2025 Lord of Metal

Crítica: Unleashed "Fire Upon Your Lands"

En el panorama del death metal sueco, Unleashed representa una trayectoria consolidada y resiliente, marcada por la determinación de su fundador, Johnny Hedlund, quien, tras la disolución de Nihilist en 1989, forjó un camino independiente que lo llevó a establecer esta banda emblemática. Mientras sus antiguos compañeros optaron por formar Entombed, Hedlund canalizó su visión en un sonido que fusiona la crudeza del death metal con narrativas vikingas, anticipándose a grupos como Amon Amarth en la exploración de mitos nórdicos, guerreros y homenajes a deidades ancestrales. Desde su debut con "Where No Life Dwells" (1991), la banda ha evolucionado, incorporando riffs pesados, ganchos melódicos y un toque que equilibra la brutalidad con la accesibilidad. Tras altibajos en su discografía, la banda experimentó un renacimiento a partir de "Odalheim" (2012), consolidado en "No Sign of Life" (2021), donde la vitalidad y la agresividad se revitalizaron. Ahora, con "Fire Upon Your Lands" (2025), su decimoquinto álbum publicado bajo el sello Napalm Records, Unleashed demuestra que su legado no muestra ningún espadazo en su cota de malla. Con una duración de treinta y ocho minutos, mantiene las señas de identidad del grupo: composiciones concisas, riffs con peso y una actitud belicosa que evoca batallas épicas. El masterizado, aunque no especificado en detalle, contribuye a un sonido robusto y dinámico, ideal para capturar la esencia de un death metal que no envejece. Mientras que la formación actual, integrada por Hedlund en voz y bajo, Anders Schultz en batería, Tomas Måsgard en guitarra rítmica y Fredrik Folkare a la guitarra principal, infunde al disco una cohesión que refleja décadas de experiencia. 

"War Comes Again" encarna el espíritu clásico de Unleashed, con riffs urgentes y un ritmo que fluye como un río de sangre enemiga, donde la voz de Hedlund proyecta una autoridad imponente, respaldada por los precisos baquetazos de Schultz a la batería. Los toques de melodeath evocan la solidez de discos previos como "Midvinterblot" (2006), pero con una vitalidad renovada que la convierte en un himno para batallas imaginarias. Siguiendo esta línea, "A Toast to the Fallen" mantiene la pesadez, incluyendo homenajes a los caídos y saludos a Thor, transformándose en una canción festiva y etílica que invita a la camaradería guerrera; las guitarras de Fredrik Folkare y Tomas Måsgard tejen pegajosos riffs que elevan su atractivo sin comprometer la brutalidad o caer en la caricatura. En contraste, "Hold Your Hammers High" emerge como un himno cargado ejecutado con un espíritu cavernícola que lo hace irresistible, donde los riffs pesados y el estribillo elevan la experiencia a niveles épicos. La homónima "Fire Upon Your Lands", se presenta como una joya y endurecida por el combate, reminiscente de la era de "Midvinterblot" (2006), con una pesadez que deja huellas de martillo y una narrativa de destrucción vikinga que resuena con autenticidad. 

"Left for Dead" ataca sin piedad como un berserker enfurecido, recordando la crudeza de "Where No Life Dwells" (1991) antes de su giro vikingo, con Hedlund sonando colosal y agresivo, mientras los riffs de Folkare aportan el filo. "To My Only Son" ofrece un momento introspectivo, similar a un reboot de clásicos del heavy metal, donde un guerrero lega su sabiduría a su descendiente y cómo vivir con orgullo. Finalmente, "Unknown Flag" cierra el disco con temática pirata —un desvío del ethos vikingo—, manteniendo un nivel aceptable pese al bajón de calidad, pero añadiendo un cierre dinámico, convirtiendo a "Fire Upon Your Lands" (2025) en un logro notable en la extensa carrera de Unleashed, un álbum que, tras más de tres décadas de incursiones en el death metal, no muestra signos de fatiga sino una madurez que enriquece aún más su propuesta.

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Radiohead "Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)"

Recuerdo perfectamente la noche de aquel concierto, en el que Radiohead presentaban las canciones de “Hail to the Thief” (2003) en Madrid, la excitación de la semana previa, lo que hice, lo que ocurrió aquella tarde y como viví lo que, para mí, era una noche histórica. Había estado en sus dos giras anteriores, pero el nuevo disco me había llegado muy adentro. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando, tras más de dos décadas, han decidido sorprendernos y publicar de manera digital este “Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)” (2025), un álbum que reúne interpretaciones en vivo de aquel álbum, capturando la esencia de las presentaciones de la banda en ciudades como Londres, Ámsterdam, Buenos Aires y Dublín, durante un periodo que abarca desde el lanzamiento del álbum original hasta el final de la gira de “In Rainbows” (2007). 
Mezclado por Ben Baptie y masterizado por Matt Colton, este lanzamiento no solo reafirma la capacidad de Radiohead para reinventarse en el escenario, sino que también ofrece una oportunidad única para redescubrir un álbum que marcó otro hito en su carrera. Thom Yorke, vocalista y líder de la banda, ha descrito este proceso como “catártico”, destacando cómo las grabaciones de archivo le permitieron reconectar con la energía visceral de esos conciertos y canciones. Además, por qué no, aprovechar el reciente éxito viral de “Let Down” (“OK Computer”, 1997) tras su aparición en la serie The Bear y la producción teatral “Hamlet Hail to the Thief “(2025), consolidando el legado de un disco que, aunque inicialmente polarizó opiniones por su densidad, hoy brilla con renovada intensidad.

Las versiones en directo de “Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)” (2025) destacan por su capacidad para revitalizar las composiciones originales, dotándolas de una crudeza y espontaneidad que contrastan con la producción de estudio. Canciones como “2 + 2 = 5” y “There, There” emergen con una fuerza renovada, gracias a la interpretación apasionada de Thom Yorke y la precisión instrumental de Jonny Greenwood en la guitarra y Ed O’Brien en los coros y efectos. “Sit Down. Stand Up”, por ejemplo, adquiere una dimensión casi hipnótica en vivo, con transiciones dinámicas que realzan su intensidad emocional. Mientras que “Sail to the Moon”, interpretada con una delicadeza que resalta la sensibilidad lírica de Yorke, contrasta con la energía frenética de “Myxomatosis”, donde el bajo de Colin Greenwood y la batería de Phil Selway crean un pulso vibrante que captura la esencia del directo. “Where I End and You Begin” y “The Gloaming” exploran texturas electrónicas que, en el escenario, se entrelazan con arreglos más orgánicos, mostrando la habilidad de Radiohead para fusionar su etapa experimental de “Kid A” (2000) y “Amnesiac” (2001) con el rock de “OK Computer” (1997). “Go to Sleep” y “A Wolf at the Door” cierran el repertorio con un equilibrio entre introspección y urgencia, destacando la versatilidad vocal de Yorke y la cohesión de la banda en vivo. Aunque se echan en falta temas como “Backdrifts” y “A Punchup at a Wedding”, la selección de doce canciones refleja un esfuerzo consciente por condensar lo mejor de “Hail to the Thief” (2003), ofreciendo una experiencia que facilita la accesibilidad de algunas canciones respecto al álbum de estudio.

Además, también es cierto que para aquellos que pudimos estar en aquella gira, completaremos la experiencia mediante el recuerdo; la imagen de Yorke cantando a pocos metros, Jonny sampleando en directo las emisoras de radio locales en mitad de las canciones o la solvencia de una banda que en directo no parece querer replicar lo grabado en estudio sino volver a componerlo frente a miles de personas, con el puñetazo emocional que todo ello conlleva, viajar a través de la música en nuestra propia vida y recuerdo, sentir todo de nuevo y reencontrarnos con nosotros mismos. ¡Menudo viaje! Es por eso que este regalo no solo celebra el legado de “Hail to the Thief” (2003), sino que también subraya la relevancia perdurable de Radiohead como una fuerza innovadora en la música contemporánea. La energía cruda y la intensidad de estas grabaciones, capturadas en diversos momentos de su trayectoria, revelan una banda en constante diálogo con su propio arte, capaz de transformar canciones complejas en experiencias viscerales. La decisión de lanzar “Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)” (2025) en formato digital, con una edición física prevista para el 31 de octubre de 2025, demuestra el compromiso de Radiohead con sus seguidores, ofreciendo un material que no solo apela a la nostalgia, sino que también invita a una reevaluación de un álbum que, en su momento, como no podía ser de otra forma, desafió las expectativas. La conexión entre este proyecto y la reciente producción teatral Hamlet Hail to the Thief (2025), donde Yorke reimaginó las canciones para una adaptación de Shakespeare, añade una capa de profundidad artística que enriquece la experiencia aún más auditiva. En un panorama musical saturado de lanzamientos efímeros, este álbum en vivo se erige como un testimonio de la capacidad de Radiohead para trascender en el tiempo y nuestras vidas.

Texto y disco firmado © 2025 Jota Jiménez

Crítica: Ethel Cain "Willoughby Tucker, I'll Always Love You"

Soy un tipo sencillo, del último coletazo de la Generación X, por lo que voz, guitarra y una producción cruda me hacen feliz llevándome a los noventa y Hayden Silas Anhedönia, bajo el seudónimo de Ethel Cain, ha tejido con su segundo álbum de estudio, ”Willoughby Tucker, I’ll Always Love You”(2025), una narrativa que se erige como un pilar de su ambiciosa trilogía sobre tres generaciones de mujeres, funcionando como precuela de su debut, “Preacher’s Daughter” (2022) y al margen de “Perverts” (2025), este no sólo profundiza en el universo sonoro y temático de Cain, sino que también desafía las expectativas de quienes buscan accesibilidad inmediata en la música pop, recordándome también a esa calma malsana repleta de electricidad estática. Con una mezcla de slowcore, folk polvoriento y toques de ambient, el disco se sumerge en la psicología de la adolescencia rural americana, explorando el amor, el trauma y la nostalgia con una intensidad que roza lo insoportable, como una especie de gótico sureño llevado a la música. La producción, liderada por la propia Anhedönia junto a Matthew Tomasi, convierte cada canción en un lienzo sonoro que evoca paisajes desolados y emociones crudas, aunque a veces cae en la trampa de la autocomplacencia, quizá mi única crítica respecto a “Preacher’s Daughter” (2022). Pero la ironía reside en cómo Cain, consciente de su propio mito, ofrece un trabajo que no pide permiso para ser denso, extenso y, en ocasiones, agotador, desafiando a los oyentes a sumergirse en su mundo sin promesas de una redención fácil.

El álbum se compone de diez canciones que, lejos de buscar la inmediatez de un single radiable, construyen un tapiz narrativo donde cada canción es un capítulo de una historia más grande. “Janie” abre el disco con una melancolía desgarradora, donde la voz de Anhedönia, cargada de vulnerabilidad, canta sobre la pérdida de una figura paterna con versos como “No pinta bien, pero ¿alguna vez lo hizo?”. La instrumental “Willoughby’s Theme” sigue, un paisaje sonoro propio de la banda sonora de una película de David Lynch, con un piano melancólico que prepara el terreno para la intensidad emocional que vendrá con “Fuck Me Eyes” y su guiño a la estética ochentera de Kim Carnes, quizá lo más cercano a un single en todo el álbum, pero incluso aquí Cain revierte las expectativas, tejiendo una crítica a la misoginia internalizada a través de una figura femenina idealizada. Por su parte, “Nettles”, coescrita con Tomasi, es un lamento slowcore que captura la toxicidad de un amor condenado, con Anhedönia comparándose con ortigas venenosas: “Amarme es sufrir por mí”. “Dust Bowl”, con guitarras pesadas de Tomasi y Ángel Díaz, evoca una relación marcada por la fatalidad, donde el sexo y la muerte se entrelazan en un escenario de autocine. La segunda mitad del álbum se torna más introspectiva: “A Knock at the Door” sume al oyente en una ansiedad ambiental, mientras que “Radio Towers” y “Tempest” —esta última desde la perspectiva de Willoughby— exploran la desesperación y el nihilismo con una crudeza que desarma. Para cerrar, “Waco, Texas”, un épico de quince minutos, es un tour de force emocional donde Cain, con una mezcla de fatalismo y esperanza rota, canta sobre sueños imposibles en la fría Nebraska, dejándonos exhaustos pero, a la vez, conmovidos.

En última instancia, ”Willoughby Tucker, I’ll Always Love You”(2025) no es un disco para los más impacientes (esos que creen escuchar discografías enteras mientras hacen otras cosas) ni para quienes buscan melodías digeribles. Hayden Anhedönia, con su visión intransigente, entrega un trabajo que exige dedicación, paciencia y una disposición a enfrentar la oscuridad sin garantías de alivio. A diferencia de “Perverts” (2025), que abrazaba una brutalidad ambiental, o “Preacher’s Daughter “(2022), con su narrativa más estructurada, este álbum flota en un lugar intermedio, a veces sacrificando dinamismo por atmósfera. No es perfecto: algunos pasajes se sienten redundantes, como si Cain se deleitara demasiado en su propia melancolía, de ahí esa automplacencia que antes mencionaba. Sin embargo, su habilidad para transformar experiencias personales en sentimientos universales, envueltas en una producción que equilibra lo etéreo con lo visceral, es innegable. La paradoja es que, mientras algunos críticos podrían acusarla de excesiva indulgencia, es precisamente esa audacia la que hace de este disco una obra singular, un testimonio de una artista que no teme perderse en su propio relato. Para los dispuestos a acompañarla en este viaje, “Willoughby Tucker, I’ll Always Love You” (2025) es una experiencia que hiere, consuela y, sobre todo, perdura.

© 2025 Jota Jiménez